A nueve años de Miroslava Breach
Comentario de Humberto Henderson, Representante de la Oficina en México del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (ONU-DH)
El 23 de marzo de 2017, Miroslava Breach salió de su casa en Chihuahua sin saber que ese día su voz sería interrumpida. Ocho disparos acabaron con su vida. Han pasado nueve años desde entonces. Su legado no solo resuena en la memoria de su familia y colegas, sino también en el periodismo mexicano, en las comunidades por las que caminó y en cada historia que quedó inconclusa por escribir.
Miroslava, durante décadas, denunció la violencia en la Sierra Tarahumara, el despojo de tierras indígenas, la colusión entre el crimen organizado y actores del poder político. Su trabajo desnudó la corrupción, la impunidad y el miedo en el norte del país. Fue corresponsal de La Jornada y trabajó en medios locales de gran impacto. Su pluma era precisa y valiente.
Su labor incomodaba. Recibió amenazas, advertencias, intentos de intimidación. Y, aun así, siguió escribiendo. Porque entendía que dar la espalda a la verdad era traicionar a quienes sufren la violencia, a quienes buscan justicia y encuentran puertas cerradas. Su asesinato marcó un punto de quiebre. Apenas semanas después, en Sinaloa, Javier Valdez también fue asesinado.
Miroslava nació en Chínipas, Chihuahua, y desde ahí construyó una voz que trascendió fronteras. Investigó el desplazamiento forzado, la tala ilegal, los feminicidios, las desapariciones, las agresiones a personas defensoras de derechos humanos, y la narcopolítica. Su trabajo permitía entender la magnitud del horror, pero también la dignidad de las personas.
Desde el inicio de los lamentables hechos, la Oficina en México del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (ONU-DH) ha acompañado el caso, observando audiencias judiciales, siendo puente con autoridades, brindando asesoría a su familia y promoviendo su legado a través del Premio Breach-Valdez sobre Periodismo y Derechos Humanos, en colaboración con agencias de la ONU y organizaciones aliadas. Este año se celebra la octava edición, que inaugura un galardón especial dedicado al ejercicio periodístico desde lo local, concebido como inspiración y corazón del premio.
Nueve años después, la deuda con ella y con el periodismo sigue pendiente. Proteger a quienes informan no es solo una responsabilidad del Estado, sino un compromiso de toda la sociedad. Defender el periodismo es preservar la memoria, la justicia y el derecho a la verdad.
A Miroslava le quitaron la vida, pero no el significado de su trabajo. Su legado sigue presente en cada historia que contó y en las voces de quienes, gracias a ella, fueron escuchadas.
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